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Trastornos psicológicos: qué son y cómo los entendemos desde la psicología
Hablar de trastornos psicológicos significa hablar de una parte especialmente importante de la psicología: aquella que intenta comprender qué ocurre cuando la forma en que una persona piensa, siente, percibe o se comporta empieza a generar un sufrimiento significativo o a dificultar su vida cotidiana.
Sin embargo, entender qué es exactamente un trastorno psicológico no es tan sencillo como podría parecer.
No todo lo que nos hace sufrir es un trastorno. No todo comportamiento extraño es patológico. Y tampoco todo aquello que se aleja de lo que hace la mayoría de las personas debería considerarse un problema psicológico.
La mente humana es extraordinariamente diversa y existen muchas maneras diferentes de sentir, pensar y comportarse que se encuentran perfectamente dentro de la normalidad.
Entonces, ¿dónde está la frontera?
¿Qué es un trastorno psicológico?
De forma general, podemos entender un trastorno psicológico como un patrón de experiencias internas y de comportamiento que se encuentra asociado a un malestar relevante, a dificultades en el funcionamiento de la persona o a una alteración significativa en diferentes áreas de su vida.
Estas experiencias pueden afectar a prácticamente cualquier dimensión del funcionamiento psicológico.
Pueden aparecer alteraciones en el estado de ánimo, como ocurre en los trastornos depresivos; dificultades relacionadas con el miedo y la ansiedad; cambios importantes en la forma de pensar o interpretar la realidad; problemas relacionados con la conducta alimentaria; alteraciones de la personalidad; dificultades en el control de los impulsos; problemas asociados al consumo de sustancias, y muchos otros.
Por tanto, cuando hablamos de un trastorno psicológico no estamos hablando necesariamente de una única emoción, un pensamiento aislado o una conducta concreta.
Habitualmente hablamos de un conjunto de características que aparecen de determinada manera, se mantienen durante un periodo de tiempo y producen consecuencias relevantes para la persona.
Trastorno no significa «ser diferente»
Esta aclaración es fundamental.
Las personas somos diferentes.
Tenemos distintas personalidades, valores, preferencias, formas de relacionarnos, maneras de expresar las emociones y maneras de enfrentarnos a los problemas.
La psicología no considera patológica una característica simplemente porque sea poco frecuente.
Una persona puede ser extremadamente introvertida, otra muy impulsiva, otra especialmente sensible y otra tener una necesidad elevada de organización. Estas diferencias, por sí mismas, no constituyen necesariamente un trastorno.
La cuestión cambia cuando determinadas características o patrones comienzan a generar un sufrimiento considerable, provocan un deterioro importante en el funcionamiento o dificultan de manera significativa la adaptación de la persona a su entorno.
Por eso, para comprender la psicopatología necesitamos mirar algo más que la frecuencia.
¿Qué significa que algo sea «normal»?
Esta pregunta parece sencilla, pero en realidad lleva décadas ocupando un lugar importante dentro de la psicología y la psicopatología.
Una de las posibilidades consiste en entender la normalidad desde un punto de vista estadístico.
Desde esta perspectiva, consideramos más habituales aquellas características que aparecen con mayor frecuencia en una población y menos frecuentes las que se encuentran en los extremos de una distribución.
Pero existe un problema: ser poco frecuente no significa necesariamente estar enfermo.
Ser extremadamente alto es menos frecuente que tener una estatura cercana a la media, pero evidentemente no constituye un trastorno.
Por tanto, la rareza estadística puede aportar información, pero por sí sola no permite determinar que una experiencia sea psicopatológica.
La influencia de las normas sociales
También podemos valorar determinados comportamientos teniendo en cuenta las normas y expectativas de una sociedad.
Lo que se considera apropiado puede variar considerablemente entre culturas, épocas y grupos sociales.
Esto nos recuerda algo importante: no podemos determinar qué es patológico únicamente porque una conducta se aparte de las costumbres de un determinado contexto.
Las normas sociales pueden ayudar a comprender un comportamiento, pero no deberían utilizarse de forma aislada para decidir si una persona tiene un trastorno.
El sufrimiento psicológico
Otro criterio fundamental es el malestar experimentado por la propia persona.
Cuando alguien sufre de manera intensa y persistente, esta experiencia constituye una señal clínica importante.
Una persona puede sentir miedo, tristeza, angustia, culpa, vacío, confusión o desesperanza hasta el punto de que su experiencia cotidiana se vuelve muy difícil de soportar.
El sufrimiento subjetivo es, por tanto, una pieza importante para comprender los problemas psicológicos.
Pero tampoco es suficiente por sí solo.
Existen situaciones en las que una persona presenta una alteración importante y no es plenamente consciente de ella o no la experimenta como problemática.
Por eso, la evaluación psicológica necesita considerar diferentes fuentes de información.
El funcionamiento cotidiano
Otro aspecto fundamental es observar qué consecuencias tiene el problema sobre la vida de la persona.
Podemos preguntarnos:
¿Puede continuar con su trabajo o estudios?
¿Está manteniendo sus relaciones personales?
¿Puede cuidar de sí misma?
¿Está evitando cada vez más situaciones?
¿Ha dejado de realizar actividades importantes?
¿Su forma de pensar o comportarse está interfiriendo de manera significativa en su vida?
Estas preguntas permiten comprender algo esencial: un problema psicológico no se define únicamente por lo que una persona experimenta internamente, sino también por cómo esa experiencia afecta a su funcionamiento.
La psicopatología estudia mucho más que las enfermedades mentales
La psicopatología es el área de conocimiento que estudia las alteraciones de los procesos psicológicos y del comportamiento.
Su objetivo no consiste únicamente en poner nombres a los problemas.
También intenta describirlos, clasificarlos y comprender cómo se manifiestan.
Para ello estudia aspectos como las emociones, la percepción, la memoria, el pensamiento, la atención, el lenguaje, la conducta y las relaciones entre estos procesos.
Por ejemplo, ante una persona que experimenta una intensa ansiedad, no interesa únicamente saber que «tiene ansiedad».
También interesa conocer qué teme, cómo interpreta las situaciones, qué sensaciones experimenta, qué hace para reducir su malestar y qué consecuencias tienen esas conductas.
En otras palabras, la psicopatología intenta pasar de una etiqueta general a una comprensión más completa del funcionamiento de la persona.
Los trastornos no tienen una única explicación
Una de las ideas más importantes de la psicología contemporánea es que los problemas psicológicos rara vez pueden explicarse mediante una única causa.
Durante la historia de la psicología y la psiquiatría han existido diferentes modelos para explicar los trastornos. Algunos han concedido mayor importancia a los procesos biológicos; otros han destacado el aprendizaje y la conducta; otros se han centrado especialmente en los procesos cognitivos.
Actualmente, una perspectiva amplia permite considerar la interacción de diferentes factores.
La biología puede influir.
La historia de aprendizaje también.
Las experiencias vitales pueden desempeñar un papel importante.
La personalidad, las relaciones, el contexto social y las circunstancias actuales también pueden contribuir.
Por eso, dos personas pueden recibir el mismo diagnóstico y, sin embargo, presentar problemas muy diferentes y necesitar intervenciones distintas.
¿Por qué existen los diagnósticos psicológicos?
Los diagnósticos cumplen una función importante dentro de la práctica clínica y de la investigación.
Permiten organizar y describir conjuntos de síntomas y características que tienden a aparecer de forma relacionada.
También facilitan la comunicación entre profesionales, ayudan a investigar la eficacia de los tratamientos y proporcionan un marco común para estudiar diferentes problemas psicológicos.
Para ello existen sistemas internacionales de clasificación, entre los que destacan el DSM y la CIE.
Estas clasificaciones organizan diferentes categorías de trastornos y establecen criterios que ayudan a determinar cuándo un conjunto de síntomas puede encajar dentro de una determinada categoría diagnóstica.
Pero hay algo que conviene tener muy presente:
un diagnóstico es una herramienta clínica, no una descripción completa de una persona.
Decir que alguien tiene un trastorno de ansiedad nos proporciona determinada información, pero no nos cuenta quién es esa persona, qué ha vivido, qué necesita, qué recursos posee o qué factores están influyendo en su situación actual.
El diagnóstico debe ser un punto de partida para comprender, no el punto final de la comprensión.
Síntomas, síndromes y trastornos: no son exactamente lo mismo
En psicología clínica es importante distinguir algunos conceptos que a veces utilizamos como si fueran equivalentes.
Un síntoma es una experiencia o manifestación que puede indicar que algo no está funcionando adecuadamente. Puede tratarse de una experiencia subjetiva, como sentir miedo intenso, escuchar una voz o experimentar una tristeza profunda.
Un signo, en cambio, hace referencia a una manifestación que puede ser observada o registrada por otra persona.
Cuando diferentes síntomas y signos aparecen relacionados formando un determinado patrón, podemos hablar de un síndrome.
Un trastorno implica un concepto clínico más amplio y requiere valorar el conjunto de características, su evolución, su contexto y el impacto que producen.
Estas diferencias son especialmente importantes porque nos recuerdan que un síntoma aislado no equivale automáticamente a un trastorno.
Todos podemos experimentar ocasionalmente ansiedad, tristeza, dificultades para concentrarnos, problemas de sueño o pensamientos desagradables.
Lo importante es comprender cuándo forman parte de las variaciones normales de la experiencia humana y cuándo adquieren características que justifican una evaluación profesional.
Una persona es mucho más que su diagnóstico
Existe un riesgo importante cuando hablamos de salud mental: convertir una categoría diagnóstica en una identidad.
«Es depresivo.»
«Es una persona obsesiva.»
«Es esquizofrénico.»
Este tipo de expresiones puede terminar reduciendo a una persona a su problema.
Es preferible hablar de una persona que tiene depresión, que presenta síntomas obsesivos o que ha sido diagnosticada de esquizofrenia.
Puede parecer una cuestión puramente lingüística, pero el lenguaje influye en la manera en que entendemos a los demás y en cómo las personas pueden llegar a percibirse a sí mismas.
Un trastorno puede formar parte de la vida de alguien durante un periodo determinado, pero no constituye la totalidad de esa persona.
Detrás de un diagnóstico sigue existiendo alguien con una historia, una personalidad, unas relaciones, unas capacidades, unos valores y unas circunstancias concretas.
Comprender antes de etiquetar
La finalidad de la psicología clínica no debería reducirse a identificar qué trastorno presenta una persona.
El diagnóstico puede ser útil, pero la intervención psicológica necesita ir más allá.
Dos personas con el mismo diagnóstico pueden haber llegado hasta allí por caminos completamente diferentes.
Una puede encontrarse atravesando una situación vital especialmente complicada. Otra puede presentar determinados patrones de pensamiento aprendidos durante años. Otra puede tener dificultades en sus relaciones. Otra puede presentar una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales.
Por eso, la evaluación psicológica intenta comprender la historia completa.
¿Qué está ocurriendo?
¿Cuándo comenzó?
¿Qué factores pudieron favorecer su aparición?
¿Qué lo mantiene actualmente?
¿Cómo está afectando a la persona?
¿Qué recursos tiene?
¿Qué necesita?
Estas preguntas permiten pasar de una simple clasificación a una verdadera comprensión psicológica.
¿Todos los trastornos se pueden tratar?
En muchos casos existen tratamientos psicológicos eficaces y diferentes alternativas terapéuticas basadas en la evidencia científica.
El tratamiento dependerá del problema concreto, su gravedad, la historia de la persona y otros factores relevantes.
Además, recibir un diagnóstico no significa que una persona vaya a permanecer así para siempre.
Algunos problemas pueden remitir completamente, otros pueden requerir un tratamiento prolongado y en otros casos el objetivo será reducir los síntomas, mejorar el funcionamiento y prevenir recaídas.
La evolución es individual.
Por eso es importante evitar tanto el alarmismo como el exceso de simplificación.
Una mirada psicológica sobre los trastornos
Comprender los trastornos psicológicos exige mantener una mirada amplia.
No basta con preguntarnos qué síntomas presenta una persona.
Necesitamos preguntarnos también quién es esa persona, qué ha vivido, qué circunstancias está atravesando, cómo interpreta lo que le ocurre, qué comportamientos están manteniendo el problema y qué recursos puede utilizar para afrontarlo.
Esta perspectiva permite entender los trastornos no como etiquetas que dividen a las personas entre «normales» y «enfermas», sino como problemas complejos que pueden aparecer cuando diferentes factores interactúan y terminan produciendo un sufrimiento o una alteración significativa del funcionamiento.
En esta sección de Psicólogo Planet iremos abordando los principales trastornos psicológicos desde esta perspectiva: explicando qué son, cómo se manifiestan, por qué pueden aparecer, qué factores pueden mantenerlos y, sobre todo, qué sabemos actualmente sobre su evaluación y tratamiento.
Porque conocer un trastorno no debería servir únicamente para ponerle un nombre.
Debería servir para comprenderlo.







