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TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): qué es, síntomas, causas y tratamiento

Hay pensamientos que aparecen sin que los hayamos buscado.

Una duda que vuelve una y otra vez. La necesidad de comprobar algo por quinta vez. El miedo de haber hecho daño a alguien sin querer. Una imagen mental desagradable que aparece precisamente cuando menos queremos pensar en ella. La sensación de que algo no está «bien» y necesitamos repetir una acción hasta conseguir que encaje.

Todos podemos experimentar pensamientos extraños, incómodos o repetitivos de vez en cuando.

El problema aparece cuando estos pensamientos empiezan a ocupar demasiado espacio y la persona siente que necesita realizar determinadas acciones para poder soportarlos.

Es aquí donde podemos encontrarnos con el trastorno obsesivo-compulsivo, conocido habitualmente como TOC.

El TOC es mucho más complejo que «ser una persona muy ordenada» o «tener manías». Puede afectar profundamente a la vida cotidiana y adoptar formas muy diferentes. Algunas personas pasan horas comprobando, limpiando o repitiendo conductas. Otras realizan rituales que nadie puede ver porque ocurren completamente en su mente.

Y quizá una de las cosas más importantes que debemos entender desde el principio es esta: tener un pensamiento no deseado no significa querer hacerlo, ni pensar algo significa que vaya a suceder.

¿Qué es el trastorno obsesivo-compulsivo?

El trastorno obsesivo-compulsivo es un problema psicológico caracterizado fundamentalmente por la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.

Las obsesiones son experiencias mentales recurrentes que aparecen de manera intrusiva y provocan malestar. Pueden adoptar la forma de pensamientos, imágenes o impulsos que la persona no desea experimentar.

Las compulsiones, por su parte, son conductas o actos mentales repetitivos que la persona realiza con la intención de reducir el malestar, prevenir algo que teme o conseguir una sensación de seguridad o de que las cosas están «correctamente».

La diferencia importante está en que estos pensamientos y comportamientos terminan ocupando un espacio excesivo y pueden interferir significativamente en la vida de la persona.

¿Qué son exactamente las obsesiones?

Una obsesión no es simplemente «pensar mucho en algo».

Todos nos preocupamos por cuestiones importantes. Podemos darle vueltas a una conversación, pensar en un problema laboral o preguntarnos si hemos tomado una buena decisión.

En el TOC, las experiencias obsesivas tienen una característica particular: aparecen de forma intrusiva, generan un malestar considerable y la persona suele intentar neutralizarlas, eliminarlas o conseguir certeza frente a ellas.

Por ejemplo:

«¿Y si atropellé a alguien y no me di cuenta?»

«¿Y si he contaminado a mi familia?»

«¿Y si en realidad no quiero a mi pareja?»

«¿Y si hago algo terrible?»

«¿Y si he cometido un pecado imperdonable?»

«¿Y si no he cerrado correctamente la puerta?»

La persona puede saber racionalmente que la posibilidad es muy pequeña y, aun así, sentir que necesita resolver la duda.

Ese es uno de los aspectos más desconcertantes del TOC: comprender intelectualmente que algo probablemente no tiene sentido no siempre consigue eliminar la sensación de amenaza.

¿Y qué son las compulsiones?

Las compulsiones son intentos repetitivos de solucionar el problema que plantea la obsesión.

A veces son conductas visibles:

  • Lavarse las manos repetidamente.

  • Comprobar una puerta.

  • Revisar varias veces un mensaje.

  • Ordenar objetos.

  • Repetir una determinada acción.

  • Preguntar continuamente a otras personas si todo está bien.

Pero las compulsiones también pueden ser completamente mentales.

Una persona puede repetir palabras en su cabeza, contar, rezar, repasar conversaciones, analizar una situación una y otra vez o intentar sustituir un pensamiento «malo» por otro.

Por eso, alguien puede tener un TOC importante sin que las personas de su entorno sean conscientes de lo que está ocurriendo.

Existen compulsiones manifiestas y encubiertas, además de otras estrategias de neutralización como la evitación, la búsqueda de reaseguración o determinados intentos de suprimir los pensamientos.

El círculo del TOC

Para comprender el trastorno resulta útil imaginarlo como un ciclo.

Primero aparece una intrusión.

Por ejemplo:

«¿Y si he dejado encendida la cocina?»

La persona siente ansiedad o una fuerte sensación de duda.

Entonces comprueba la cocina.

Durante unos instantes siente alivio.

Pero después aparece otra pregunta:

«¿Seguro que lo he comprobado bien?»

Y vuelve a comprobar.

La segunda comprobación proporciona alivio otra vez.

El problema es que el cerebro aprende algo muy importante:

«Cuando aparece esta duda, comprobar me hace sentir mejor.»

Así, la comprobación puede convertirse progresivamente en una respuesta automática.

La próxima vez que aparezca la duda, será todavía más difícil resistirse a comprobar.

Este mecanismo ayuda a comprender por qué las compulsiones pueden terminar manteniendo el problema en lugar de resolverlo.

La conducta consigue reducir el malestar a corto plazo, pero puede hacer que la necesidad de realizarla vuelva a aparecer con mayor fuerza.

No todas las personas con TOC tienen miedo a la contaminación

La imagen popular del TOC suele estar relacionada con lavarse las manos o limpiar constantemente.

La contaminación es, efectivamente, uno de los contenidos frecuentes.

Pero el TOC puede adoptar muchas otras formas.

Entre los contenidos obsesivos descritos en la literatura clínica encontramos preocupaciones relacionadas con:

  • Contaminación y enfermedad.

  • Daño hacia uno mismo o hacia otras personas.

  • Sexualidad.

  • Moralidad o religión.

  • Relaciones personales.

  • Dudas constantes.

  • Orden y simetría.

  • Errores y necesidad de comprobar.

  • Pensamiento mágico o supersticioso.

El material clínico señala precisamente esta diversidad y destaca que una misma persona puede experimentar diferentes dimensiones obsesivas a lo largo del tiempo.

Esto es importante porque dos personas con TOC pueden parecer completamente diferentes.

Una puede pasar mucho tiempo lavándose.

Otra puede revisar mentalmente una conversación durante horas.

Otra puede necesitar comprobar repetidamente que no ha cometido un error.

Y otra puede experimentar pensamientos sexuales, agresivos o religiosos que considera profundamente incompatibles con sus valores.

Tener un pensamiento no significa querer hacerlo

Esta es una de las cuestiones que más sufrimiento puede producir.

Una persona puede experimentar un pensamiento agresivo y asustarse muchísimo porque interpreta:

«Si he pensado esto, quizá significa que soy capaz de hacerlo.»

También puede aparecer:

«Si he imaginado algo sexual que me resulta inaceptable, ¿qué dice eso sobre mí?»

O:

«Si he pensado que podría ocurrir una desgracia, quizá estoy provocándola.»

El pensamiento puede convertirse entonces en una amenaza en sí mismo.

La persona intenta eliminarlo, analizarlo, comprobar qué significa o asegurarse de que nunca va a actuar de esa manera.

Paradójicamente, cuanto más intenta controlar determinados pensamientos, más atención puede terminar prestándoles.

Por eso, uno de los objetivos del tratamiento no consiste simplemente en conseguir que desaparezcan todas las intrusiones mentales.

Se trata de modificar la relación que la persona mantiene con ellas.

¿Qué diferencia existe entre una obsesión y una preocupación?

La preocupación y la obsesión pueden parecerse, pero no son exactamente lo mismo.

Cuando nos preocupamos, normalmente pensamos en un problema de nuestra vida y buscamos posibles soluciones.

«¿Cómo voy a pagar este gasto?»

«¿Qué voy a hacer si pierdo el trabajo?»

«¿Cómo soluciono este conflicto?»

En el TOC, la experiencia suele estar marcada por la intrusión, la duda persistente y la necesidad de conseguir certeza o neutralizar el pensamiento.

La persona puede llegar a preguntarse una y otra vez:

«¿Y si…?»

Y aunque encuentre una respuesta, la mente vuelve a plantear otra posibilidad.

Por eso, buscar una certeza absoluta puede convertirse en una tarea interminable.

¿Qué diferencia hay entre el TOC y ser perfeccionista?

También es frecuente confundir ambos conceptos.

Una persona perfeccionista puede establecer estándares muy elevados, preocuparse por cometer errores o necesitar que determinadas tareas estén bien hechas.

Pero eso no significa necesariamente que tenga TOC.

Además, el trastorno obsesivo-compulsivo no debe confundirse con el trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva.

Aunque sus nombres sean parecidos, son problemas diferentes.

En el TOC encontramos obsesiones y/o compulsiones.

En el trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva predominan características más estables relacionadas con el perfeccionismo, la necesidad de control, la rigidez y la preocupación excesiva por las reglas y el orden.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Tener pensamientos intrusivos ocasionales no significa tener TOC.

Para hablar de un trastorno debe existir un nivel de malestar o interferencia suficientemente importante.

Las obsesiones y compulsiones pueden consumir una cantidad considerable de tiempo y dificultar actividades cotidianas, relaciones, estudios o trabajo. Es importante valorar precisamente el tiempo ocupado por los síntomas, el malestar y el deterioro funcional.

Por ejemplo, no es lo mismo comprobar una vez que la puerta está cerrada que volver diez veces a comprobarla antes de salir de casa.

Tampoco es lo mismo lavarse las manos después de cocinar que necesitar lavarlas durante largos periodos porque cualquier contacto cotidiano se percibe como potencialmente peligroso.

La cuestión no es únicamente qué hace la persona.

Es cuánto le cuesta hacerlo y cuánto espacio termina ocupando el problema en su vida.

¿Por qué aparece el TOC?

No existe una única causa.

Como ocurre con muchos problemas psicológicos, intervienen diferentes factores.

La investigación ha encontrado relación con factores genéticos y neurobiológicos, pero también con variables psicológicas y ambientales.

Entre otros, existen aspectos como la presencia de determinados factores temperamentales, ambientales y familiares asociados a una mayor vulnerabilidad.

Desde una perspectiva psicológica, también resulta especialmente relevante la manera en que la persona interpreta determinados pensamientos.

Un pensamiento puede aparecer espontáneamente en prácticamente cualquier persona.

Lo que puede marcar la diferencia es la importancia que se le atribuye:

«Si he pensado esto, significa algo sobre mí.»

«Si no compruebo, será culpa mía si ocurre algo.»

«Necesito estar completamente seguro.»

«Si existe una posibilidad de que ocurra algo malo, tengo que evitarla.»

Estas interpretaciones pueden aumentar el significado amenazante de las intrusiones y favorecer la aparición de rituales y conductas de neutralización.

¿Se puede tratar el TOC?

Sí.

El TOC puede tratarse y existen intervenciones psicológicas eficaces.

Uno de los tratamientos con mayor respaldo científico es la terapia cognitivo-conductual que incorpora exposición con prevención de respuesta, conocida habitualmente como EPR.

La lógica fundamental de esta intervención consiste en trabajar progresivamente con aquellas situaciones, pensamientos o sensaciones que desencadenan las obsesiones, evitando realizar posteriormente el ritual o la conducta de neutralización.

No significa lanzar a la persona de golpe a aquello que más teme.

La exposición se planifica y se adapta a cada caso.

El objetivo es que la persona pueda aprender, mediante la experiencia, que puede tolerar el malestar y relacionarse con la incertidumbre sin necesitar realizar continuamente sus rituales.

Las guías clínicas de NICE consideran la terapia cognitivo-conductual que incluye EPR una de las intervenciones psicológicas principales para el TOC. En adultos, las recomendaciones contemplan diferentes opciones en función de la gravedad y del grado de interferencia, incluyendo TCC con EPR y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico con ISRS.

¿Qué ocurre durante la exposición con prevención de respuesta?

Imaginemos a una persona que teme haber contaminado algo y necesita lavarse inmediatamente.

En terapia, y siempre siguiendo una planificación profesional, puede trabajar progresivamente la exposición a determinados estímulos relacionados con ese miedo.

La parte esencial viene después: intentar no realizar inmediatamente el ritual habitual.

Al principio puede aparecer ansiedad, incomodidad o una fuerte necesidad de lavarse.

La persona aprende entonces algo que el ritual no le había permitido descubrir:

«Quizá pueda sentir esta incomodidad y no necesito responder haciendo lo de siempre.»

La finalidad no es demostrar que jamás ocurrirá nada malo.

La vida no ofrece ese nivel de certeza.

El objetivo es desarrollar una mayor capacidad para tolerar la duda, el malestar y la incertidumbre sin quedar atrapado en los rituales.

¿Y si las compulsiones son mentales?

El tratamiento también puede abordar las compulsiones encubiertas.

Esto es especialmente importante porque algunas personas piensan:

«Yo no tengo compulsiones. No hago nada.»

Sin embargo, pueden estar realizando continuamente operaciones mentales para neutralizar sus pensamientos.

Repasar.

Contar.

Analizar.

Buscar mentalmente una respuesta perfecta.

Repetir frases.

Intentar comprobar qué sintieron exactamente en una situación.

Estas estrategias pueden cumplir una función similar a una compulsión visible.

Por eso, una evaluación adecuada necesita explorar también lo que ocurre dentro de la mente, no solamente las conductas observables.

¿El TOC puede desaparecer?

La evolución del TOC es variable.

Algunas personas experimentan una mejoría importante con tratamiento. En otras, los síntomas pueden fluctuar y reaparecer en determinados momentos de mayor estrés.

El material clínico señala que, sin tratamiento, el trastorno puede presentar una evolución prolongada y que la intensidad de los síntomas puede variar a lo largo del tiempo.

Esto no significa que una persona tenga que convivir necesariamente con los síntomas para siempre.

El tratamiento puede ayudar a reducir considerablemente la interferencia y proporcionar herramientas para manejar futuras reapariciones.

¿Cuándo debería acudir a un psicólogo?

Puede ser recomendable consultar con un profesional cuando los pensamientos intrusivos o las compulsiones empiezan a ocupar mucho tiempo, generan un sufrimiento importante o interfieren con la vida cotidiana.

Algunas señales de alerta pueden ser:

  • Necesidad constante de comprobar cosas.

  • Lavados o rituales repetitivos.

  • Evitación cada vez mayor de determinadas situaciones.

  • Búsqueda continua de tranquilidad o confirmación por parte de otras personas.

  • Pensamientos intrusivos que provocan mucho miedo o culpa.

  • Rituales mentales difíciles de detener.

  • Dificultades para estudiar, trabajar o relacionarse.

  • Sensación de que el TOC está organizando cada vez más la vida cotidiana.

No es necesario esperar a que los síntomas sean incapacitantes para pedir ayuda.

Cuanto antes se comprenda el funcionamiento del problema, más fácil puede resultar intervenir sobre los mecanismos que lo mantienen.

El TOC no define quién eres

Quizá esta sea una de las ideas más importantes de todo el artículo.

Una persona con TOC puede tener pensamientos que contradicen profundamente sus valores.

Puede aparecer una imagen agresiva y ser una persona pacífica.

Puede aparecer un pensamiento sexual no deseado y no tener ninguna intención de llevarlo a cabo.

Puede aparecer una duda religiosa y continuar siendo una persona con fuertes valores espirituales.

Los contenidos de las obsesiones pueden resultar precisamente tan angustiosos porque chocan con aquello que la persona considera importante.

Tener una intrusión mental no convierte a nadie en una mala persona.

La mente produce pensamientos de todo tipo.

El problema no es necesariamente que aparezca una determinada idea, sino el significado que le damos y las estrategias que utilizamos después para intentar controlarla.

Conclusión

El trastorno obsesivo-compulsivo es mucho más que tener manías, ser ordenado o preocuparse demasiado.

Es un problema psicológico complejo en el que pueden aparecer pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos y conductas o rituales destinados a reducir el malestar que provocan.

Las compulsiones pueden ser visibles, pero también pueden desarrollarse completamente en la mente.

Y aunque realizar un ritual pueda proporcionar alivio durante unos minutos, ese alivio puede terminar reforzando el ciclo que mantiene el problema.

Comprender este funcionamiento es una parte fundamental del tratamiento.

La buena noticia es que el TOC puede abordarse. La terapia cognitivo-conductual, especialmente cuando incorpora exposición con prevención de respuesta, cuenta con un respaldo científico importante y forma parte de las principales recomendaciones clínicas actuales.

Si sientes que determinados pensamientos te persiguen, que necesitas comprobar, limpiar, repetir, analizar o pedir confirmación constantemente para poder estar tranquilo, no tienes por qué enfrentarte a ello sin ayuda.

Y recuerda algo especialmente importante:

Un pensamiento no es una intención. Una imagen mental no es un deseo. Y tener una obsesión no dice quién eres.