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TDAH

TDAH: qué es, síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento

Hay niños que parecen estar siempre en movimiento. Les cuesta esperar, interrumpen, pierden cosas, se distraen con cualquier estímulo y necesitan que les recuerden una y otra vez lo que tienen que hacer.

Pero también hay otros que no llaman especialmente la atención por su actividad. Son niños que parecen estar «en las nubes», olvidan instrucciones, comienzan tareas y no las terminan, pierden el hilo de las explicaciones o necesitan mucho más tiempo para organizarse.

Y también hay adultos que llevan años pensando que son simplemente despistados, desorganizados o «un desastre».

En algunos casos, detrás de estas dificultades puede encontrarse el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido como TDAH.

Sin embargo, el TDAH es bastante más complejo de lo que sugieren algunas de las ideas populares que circulan sobre él. No consiste simplemente en «no saber concentrarse», ni significa que una persona sea perezosa, maleducada o incapaz de esforzarse.

Es un trastorno del neurodesarrollo que puede afectar a la atención, la regulación de la conducta, la impulsividad y la actividad motora, y que puede tener consecuencias importantes en diferentes etapas de la vida.

¿Qué es el TDAH?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por un patrón persistente de dificultades de atención y/o hiperactividad e impulsividad que resulta excesivo respecto al nivel de desarrollo de la persona y que produce interferencias relevantes en su funcionamiento.

El TDAH aparece habitualmente durante la infancia, aunque sus manifestaciones pueden mantenerse durante la adolescencia y la edad adulta.

Esto último es importante porque durante mucho tiempo se ha asociado el TDAH exclusivamente a los niños. Hoy sabemos que sus dificultades pueden continuar a lo largo de la vida, aunque su expresión puede cambiar considerablemente con la edad.

Un niño puede presentar una actividad motora muy elevada, mientras que un adulto puede experimentar principalmente dificultades para organizarse, gestionar el tiempo, mantener la atención o controlar la impulsividad.

Por tanto, no existe una única manera de presentar TDAH.

TDAH no significa simplemente tener poca atención

Una de las ideas que más confusión genera es pensar que las personas con TDAH son incapaces de prestar atención.

La realidad es más compleja.

Las dificultades pueden aparecer especialmente en tareas que requieren mantener la atención durante periodos prolongados, sobre todo cuando son poco estimulantes, repetitivas o requieren un esfuerzo sostenido.

Por eso puede ocurrir algo aparentemente contradictorio: una persona puede tener enormes dificultades para concentrarse en una tarea aburrida y, sin embargo, permanecer durante mucho tiempo completamente absorbida por una actividad que le resulta especialmente interesante.

Esto no significa que el TDAH sea una cuestión de «querer o no querer concentrarse».

La atención depende de diferentes procesos psicológicos y está influida por factores como la motivación, el nivel de activación, las características de la tarea y la capacidad para regular la conducta.

En las personas con TDAH pueden aparecer dificultades especialmente relacionadas con la atención sostenida.

Los principales síntomas del TDAH

El TDAH puede manifestarse fundamentalmente mediante síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad.

No todas las personas presentan los tres grupos de la misma manera.

Inatención

Las dificultades de atención pueden manifestarse de diferentes formas:

  • Cometer errores por descuido.

  • Tener dificultades para mantener la atención en determinadas actividades.

  • Parecer que no se escucha cuando alguien habla directamente.

  • No terminar tareas o actividades.

  • Tener dificultades para organizarse.

  • Evitar o posponer actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido.

  • Perder objetos necesarios para determinadas tareas.

  • Distraerse fácilmente.

  • Olvidar actividades o responsabilidades cotidianas.

Una característica especialmente relevante es la dificultad para organizar tareas y actividades.

Por eso, algunas personas con TDAH tienen dificultades no tanto para saber qué tienen que hacer, sino para conseguir llevarlo a cabo de una manera organizada y constante.

Hiperactividad

La hiperactividad puede resultar mucho más evidente durante la infancia.

Puede manifestarse mediante:

  • Movimiento constante de manos, pies o cuerpo.

  • Dificultad para permanecer sentado.

  • Levantarse en situaciones en las que debería permanecer sentado.

  • Correr o trepar en momentos poco apropiados.

  • Sensación interna de inquietud.

  • Dificultad para realizar actividades tranquilamente.

  • Hablar excesivamente.

Sin embargo, la hiperactividad no tiene por qué desaparecer completamente en la edad adulta.

En algunos adultos puede transformarse en una sensación persistente de inquietud, necesidad de estar haciendo cosas constantemente o dificultad para relajarse.

Impulsividad

La impulsividad hace referencia a una mayor dificultad para inhibir determinadas respuestas y esperar antes de actuar.

Puede aparecer como:

  • Responder antes de que termine una pregunta.

  • Interrumpir conversaciones.

  • Entrometerse en actividades ajenas.

  • Tener dificultades para esperar el turno.

  • Actuar antes de valorar suficientemente las consecuencias.

Esto no significa que la persona no conozca las normas.

Puede conocer perfectamente una norma y, aun así, tener dificultades para detener una respuesta impulsiva en el momento adecuado.

No todos los niños inquietos tienen TDAH

Esta es una de las cuestiones más importantes cuando hablamos del trastorno.

Los niños pueden moverse, distraerse, interrumpir, olvidarse de las cosas o tener épocas de mayor desorganización.

Forma parte del desarrollo.

Por eso, diagnosticar TDAH no consiste simplemente en comprobar si un niño es inquieto o tiene dificultades para concentrarse.

Es necesario valorar si los síntomas son persistentes, si son inadecuados para su nivel de desarrollo, si aparecen en diferentes contextos y, sobre todo, si están produciendo una interferencia significativa.

El diagnóstico requiere una evaluación clínica completa y no debería establecerse únicamente mediante un cuestionario.

¿Cuándo comienza el TDAH?

El TDAH pertenece al grupo de los trastornos del neurodesarrollo.

Aunque puede identificarse a edades relativamente tempranas, los criterios diagnósticos actuales establecen que algunos síntomas deben haber estado presentes antes de los 12 años.

Esto no significa que el diagnóstico tenga que realizarse durante la infancia.

Una persona puede llegar a la edad adulta sin haber recibido un diagnóstico y comenzar a preguntarse qué ocurre cuando las exigencias de la vida aumentan y las estrategias que había utilizado hasta entonces dejan de ser suficientes.

Puede suceder al comenzar los estudios universitarios, asumir un trabajo con mayor responsabilidad, independizarse o tener que gestionar simultáneamente muchas obligaciones.

¿Cómo se diagnostica el TDAH?

El diagnóstico debe realizarlo un profesional cualificado mediante una evaluación adecuada.

No existe una única prueba que pueda determinar por sí sola si una persona tiene TDAH.

La evaluación suele combinar diferentes fuentes de información.

En los niños es especialmente importante conocer el comportamiento en diferentes contextos, como el hogar y el colegio. También resulta relevante obtener información sobre el desarrollo y la historia personal.

En adultos puede ser necesario reconstruir cómo eran las dificultades durante la infancia y valorar su repercusión actual.

Además, deben descartarse otras explicaciones que puedan producir dificultades similares.

Problemas de sueño, ansiedad, depresión, consumo de sustancias, determinadas condiciones médicas, dificultades emocionales o problemas relacionados con el contexto también pueden afectar a la atención y al rendimiento.

Por eso, un buen diagnóstico no consiste simplemente en encontrar síntomas que encajen.

También consiste en comprender por qué están apareciendo.

¿Qué ocurre en el cerebro de una persona con TDAH?

El TDAH tiene una importante base neurobiológica.

La investigación ha encontrado diferencias relacionadas con determinados sistemas cerebrales implicados en procesos como la atención, la inhibición de respuestas, la motivación y la regulación de la conducta.

También se ha estudiado el papel de diferentes neurotransmisores, especialmente la dopamina y la noradrenalina.

Pero sería un error reducir el TDAH a una supuesta «falta de dopamina».

El funcionamiento psicológico es mucho más complejo.

El TDAH se entiende actualmente como el resultado de la interacción de diferentes factores biológicos, psicológicos y ambientales.

Por eso, tener determinados factores de riesgo no significa necesariamente desarrollar el trastorno.

El modelo de autorregulación de Barkley

Uno de los modelos psicológicos más conocidos para comprender el TDAH es el modelo de autorregulación de Russell Barkley.

Desde esta perspectiva, una parte central del problema estaría relacionada con las dificultades para inhibir respuestas y utilizar esa capacidad de inhibición para regular otros procesos psicológicos.

Esto afecta a la capacidad de detenerse, pensar y actuar posteriormente de acuerdo con objetivos y reglas.

El modelo ayuda a comprender por qué algunas personas con TDAH pueden saber perfectamente lo que deberían hacer y, sin embargo, tener dificultades para hacerlo en el momento adecuado.

¿El TDAH es una falta de voluntad?

No.

Esta es probablemente una de las ideas más dañinas que existen alrededor del trastorno.

Decirle a una persona con TDAH:

«Si te esforzaras más, podrías hacerlo.»

«No quieres concentrarte.»

«Solo tienes que organizarte.»

No explica el problema y puede aumentar la frustración y la sensación de fracaso.

Una persona con TDAH puede tener una enorme motivación para conseguir algo y, aun así, encontrarse con dificultades para iniciar, mantener o completar determinadas tareas.

Esto no significa que no pueda desarrollar estrategias para mejorar.

Precisamente uno de los objetivos de la intervención psicológica consiste en proporcionar herramientas que permitan compensar estas dificultades.

TDAH en adultos

El TDAH también puede aparecer en adultos.

En esta etapa, la hiperactividad física puede ser menos evidente y adquirir formas diferentes.

Puede existir:

  • Dificultad para organizar el tiempo.

  • Procrastinación.

  • Olvidos frecuentes.

  • Problemas para mantener rutinas.

  • Desorden.

  • Dificultades para terminar proyectos.

  • Impulsividad.

  • Problemas para gestionar determinadas emociones.

  • Dificultades en las relaciones.

  • Sensación de estar constantemente sobrecargado.

A veces la persona ha desarrollado estrategias para compensar sus dificultades y consigue mantener un buen funcionamiento aparente.

Pero puede hacerlo a costa de un enorme esfuerzo.

¿El TDAH puede afectar a las emociones?

Sí.

Aunque los criterios diagnósticos se centran principalmente en la inatención y la hiperactividad-impulsividad, muchas personas con TDAH experimentan dificultades relacionadas con la regulación emocional.

Pueden aparecer respuestas emocionales rápidas e intensas, dificultades para tolerar la frustración o problemas para detener una reacción una vez que ha comenzado.

Esto no significa que todas las personas con TDAH tengan problemas de regulación emocional.

Pero cuando aparecen, pueden convertirse en una fuente importante de dificultades en las relaciones familiares, laborales o de pareja.

TDAH y autoestima

Años de recibir mensajes como:

«Eres un despistado.»

«Nunca terminas nada.»

«No te esfuerzas.»

«Siempre estás en las nubes.»

pueden terminar afectando a la imagen que una persona tiene de sí misma.

Especialmente cuando las dificultades han estado presentes desde la infancia y no han sido comprendidas adecuadamente.

Por eso, el tratamiento no debería limitarse a mejorar la atención.

También es importante trabajar las consecuencias psicológicas que pueden haberse acumulado durante años.

Comprender que determinadas dificultades tienen una explicación no significa utilizar el TDAH como excusa.

Significa dejar de interpretar automáticamente cada dificultad como un defecto personal.

¿Cómo se trata el TDAH?

El tratamiento depende de la edad, la gravedad de los síntomas, las dificultades asociadas y las necesidades de cada persona.

Puede incluir intervención psicológica, estrategias educativas, modificaciones ambientales y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico.

En niños y adolescentes tiene especial importancia el trabajo con padres y el contexto escolar.

Los programas de entrenamiento para padres y las intervenciones escolares orientadas al manejo de la conducta pueden resultar útiles.

En determinadas situaciones se utiliza un tratamiento combinado que integra diferentes estrategias.

En cuanto al tratamiento farmacológico, determinados medicamentos, entre ellos los estimulantes como el metilfenidato, cuentan con evidencia de eficacia y son utilizados en el tratamiento del TDAH.

La decisión sobre medicación debe realizarla siempre el profesional sanitario correspondiente.

¿Qué puede aportar la terapia psicológica?

La intervención psicológica puede centrarse en diferentes objetivos.

Por ejemplo:

  • Mejorar la organización.

  • Aprender estrategias de planificación.

  • Dividir las tareas complejas en pasos manejables.

  • Reducir la procrastinación.

  • Entrenar habilidades de resolución de problemas.

  • Mejorar el autocontrol.

  • Trabajar la regulación emocional.

  • Mejorar las habilidades parentales.

  • Reducir conflictos familiares.

  • Trabajar pensamientos negativos relacionados con el fracaso.

  • Desarrollar estrategias para compensar las dificultades atencionales.

En los niños, las intervenciones conductuales pueden utilizar procedimientos de modificación de conducta y entrenamiento a padres. En determinados programas también se trabajan técnicas de autorregulación y resolución de problemas.

Algunas estrategias que pueden ayudar en el día a día

Las estrategias deben adaptarse a cada persona, pero existen algunas recomendaciones generales que pueden resultar útiles.

Divide las tareas

«Estudiar toda la tarde» puede ser una tarea demasiado abstracta.

«Leer cinco páginas y hacer un resumen» es mucho más concreta.

Cuanto más específica sea una tarea, más fácil puede resultar saber por dónde empezar.

Utiliza recordatorios externos

No es necesario confiar exclusivamente en la memoria.

Alarmas, calendarios, listas, aplicaciones, notas visibles y agendas pueden funcionar como apoyos externos.

No se trata de hacer trampas.

Se trata de diseñar el entorno para que facilite el funcionamiento.

Reduce las distracciones

Cuando una tarea requiere atención sostenida, conviene reducir los estímulos innecesarios.

Móvil fuera de la mesa.

Notificaciones desactivadas.

Espacio de trabajo organizado.

Una sola tarea cada vez.

Divide los objetivos grandes

Un proyecto enorme puede resultar paralizante.

Dividirlo en pequeñas acciones permite convertir algo abstracto en una secuencia concreta.

Utiliza rutinas

Las rutinas reducen la cantidad de decisiones que tenemos que tomar constantemente.

Preparar determinadas cosas siempre de la misma manera puede facilitar la organización.

No esperes a estar motivado

Una de las trampas habituales de la procrastinación es pensar:

«Cuando tenga ganas, empezaré.»

En muchas ocasiones ocurre justamente al contrario.

Empezar una tarea pequeña puede facilitar que aparezca posteriormente la motivación necesaria para continuar.

¿Se puede mejorar el TDAH?

Sí.

El TDAH puede acompañar a una persona durante diferentes etapas de su vida, pero eso no significa que sus dificultades tengan que permanecer exactamente igual ni que no puedan desarrollarse estrategias eficaces para manejarlas.

El objetivo del tratamiento no es convertir a la persona en alguien diferente.

Es ayudarla a comprender cómo funciona, identificar sus dificultades y desarrollar herramientas que le permitan desenvolverse mejor.

En un niño, esto puede significar mejorar su funcionamiento escolar y familiar.

En un adolescente, aprender a organizarse y asumir progresivamente responsabilidades.

En un adulto, recuperar el control sobre el tiempo, las obligaciones, las relaciones y los proyectos personales.

Conclusión

El TDAH es mucho más que distraerse o ser inquieto.

Es un trastorno del neurodesarrollo que puede afectar a la atención, la inhibición de respuestas, la impulsividad, la organización y la regulación de la conducta.

Puede manifestarse de maneras muy diferentes y cambiar a lo largo de la vida.

También es importante recordar que no todo niño inquieto tiene TDAH, del mismo modo que no toda persona despistada o desorganizada presenta este trastorno.

El diagnóstico requiere una evaluación profesional que tenga en cuenta la historia de la persona, sus síntomas, los diferentes contextos en los que aparecen y el impacto que tienen sobre su funcionamiento.

Y, sobre todo, tener TDAH no significa ser vago, irresponsable o incapaz.

Detrás de muchas de las dificultades que durante años pueden haber sido interpretadas como falta de esfuerzo existe un problema que puede comprenderse y abordarse.

Con una evaluación adecuada, las estrategias apropiadas y, cuando sea necesario, una intervención psicológica y/o farmacológica, muchas personas pueden mejorar significativamente su funcionamiento y construir una vida mucho más acorde con sus capacidades.

Porque comprender el TDAH no consiste únicamente en aprender qué síntomas tiene.

También consiste en dejar de confundir una dificultad para regular la conducta con una falta de voluntad.