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ESQUIZOFRENIA

ESQUIZOFRENIA: QUÉ ES, SÍNTOMAS, CAUSAS, DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

Hablar de esquizofrenia no es sencillo. Es uno de los trastornos psicológicos que más mitos, miedo y confusión ha generado a lo largo de la historia, y todavía hoy muchas personas relacionan automáticamente la palabra con violencia, «doble personalidad» o una pérdida completa de contacto con la realidad.

Sin embargo, estas ideas ofrecen una imagen muy incompleta del trastorno.

La esquizofrenia es un trastorno psicótico complejo que puede afectar a diferentes áreas del funcionamiento psicológico: la percepción, el pensamiento, el lenguaje, la conducta, las emociones, la motivación y las relaciones sociales. No todas las personas presentan los mismos síntomas ni los experimentan con la misma intensidad.

Además, la esquizofrenia no significa necesariamente que una persona permanezca constantemente desconectada de la realidad. Su evolución puede incluir periodos de mayor estabilidad, episodios de descompensación y fases de recuperación, y el modelo de vulnerabilidad-estrés ayuda precisamente a comprender el trastorno como una interacción entre predisposición y circunstancias ambientales, en lugar de considerarlo simplemente como una enfermedad inevitablemente crónica y deteriorante.

Comprender la esquizofrenia desde una perspectiva psicológica y científica es importante no solo para conocer sus síntomas, sino también para reducir el estigma y entender mejor a las personas que la experimentan.

¿QUÉ ES LA ESQUIZOFRENIA?

La esquizofrenia pertenece al grupo de los trastornos del espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.

Se caracteriza por la presencia de alteraciones importantes en la percepción de la realidad, el pensamiento, el comportamiento y otras funciones psicológicas. Entre sus manifestaciones pueden aparecer delirios, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento desorganizado o catatónico y síntomas negativos.

Para establecer el diagnóstico no es necesario que aparezcan todos estos síntomas. Los criterios diagnósticos requieren la presencia de dos o más de ellos durante una parte significativa de un periodo de al menos un mes, siendo necesario que al menos uno corresponda a delirios, alucinaciones o lenguaje desorganizado.

Pero la esquizofrenia no puede comprenderse únicamente haciendo una lista de síntomas.

También es necesario observar cómo afectan a la vida de la persona, cómo han evolucionado a lo largo del tiempo y si existen otras explicaciones posibles.

LOS SÍNTOMAS DE LA ESQUIZOFRENIA

Una de las formas más útiles de comprender la esquizofrenia consiste en diferenciar entre síntomas positivos, negativos y otras alteraciones que pueden aparecer durante el trastorno.

SÍNTOMAS POSITIVOS

El término «positivo» puede resultar confuso. No significa que sean síntomas buenos, sino que hacen referencia a la aparición o exageración de determinadas experiencias o funciones que habitualmente no están presentes de esa manera.

Entre los principales se encuentran:

  • Delirios.

  • Alucinaciones.

  • Lenguaje desorganizado.

  • Comportamiento desorganizado.

  • Algunas alteraciones psicomotoras o catatónicas.

Los delirios son creencias firmemente mantenidas que no se corresponden con la evidencia disponible y que pueden adoptar diferentes contenidos.

Pueden aparecer ideas de persecución, perjuicio, referencia, grandeza, control, influencia, culpa, contenido religioso o somático, entre otras.

Por ejemplo, una persona puede estar convencida de que otras personas quieren hacerle daño, de que determinados acontecimientos cotidianos contienen mensajes dirigidos específicamente a ella o de que alguien está controlando sus pensamientos.

No debemos confundir un delirio con una simple opinión extraña.

La característica fundamental es el grado de convicción y la manera en que esa creencia se integra en la experiencia de la persona.

LAS ALUCINACIONES

Las alucinaciones son experiencias perceptivas que aparecen sin que exista un estímulo externo correspondiente que las explique.

En la esquizofrenia, las alucinaciones auditivas son especialmente frecuentes. Pueden aparecer como voces que hablan con la persona, hablan sobre ella o comentan determinados aspectos de su comportamiento.

También pueden producirse alucinaciones de otras modalidades sensoriales, aunque las auditivas tienen una especial relevancia clínica en este trastorno.

Es importante entender que para quien las experimenta pueden resultar completamente reales.

Decir simplemente «eso no existe» puede no ser suficiente para ayudar a la persona, porque la experiencia perceptiva que está viviendo sí está ocurriendo, aunque su origen no sea un estímulo externo.

EL LENGUAJE Y EL PENSAMIENTO DESORGANIZADOS

La esquizofrenia también puede afectar a la forma en que una persona organiza y expresa sus pensamientos.

Puede aparecer un discurso difícil de seguir, cambios bruscos de tema, respuestas que se alejan de la pregunta, asociaciones poco habituales, incoherencia o creación de palabras nuevas.

Desde fuera puede parecer que la persona «habla sin sentido», pero detrás de estas alteraciones existen dificultades complejas relacionadas con la organización del pensamiento y del lenguaje.

También pueden aparecer alteraciones relacionadas con la experiencia del propio pensamiento, como la sensación de que determinados pensamientos han sido introducidos desde fuera, que otras personas pueden conocerlos o que los pensamientos pueden ser transmitidos.

SÍNTOMAS NEGATIVOS

Los síntomas negativos no consisten en la aparición de algo nuevo, sino en una disminución o pérdida de determinadas funciones que habitualmente forman parte del funcionamiento psicológico.

Entre ellos pueden encontrarse:

  • Aplanamiento o embotamiento afectivo.

  • Alogia.

  • Abulia o avolición.

  • Apatía.

  • Anhedonia.

  • Insociabilidad.

  • Disminución de la iniciativa.

  • Dificultades para mantener actividades cotidianas.

Una persona puede dejar de mostrar expresiones emocionales con la misma intensidad, hablar mucho menos, perder interés por actividades que anteriormente disfrutaba o tener enormes dificultades para iniciar y mantener tareas.

La abulia, por ejemplo, no debe interpretarse automáticamente como pereza.

Puede existir una verdadera dificultad para iniciar, mantener o finalizar actividades, incluso aquellas que la persona considera importantes.

Esta diferencia es fundamental.

Cuando observamos únicamente la conducta externa, podemos interpretar «no hace nada» como falta de voluntad. Desde una perspectiva clínica, sin embargo, es necesario preguntarse qué procesos están dificultando que esa persona pueda iniciar y mantener la actividad.

ALTERACIONES COGNITIVAS

La esquizofrenia también puede asociarse a dificultades cognitivas.

Pueden aparecer problemas relacionados con la atención, la memoria, la organización de la información o determinadas funciones ejecutivas.

Por ejemplo, se han descrito dificultades para organizar espontáneamente la información durante los procesos de memoria, aunque el rendimiento puede mejorar cuando se proporcionan estrategias explícitas para organizar el material.

Estas dificultades pueden tener consecuencias importantes en la vida cotidiana, especialmente cuando afectan al estudio, el trabajo, la planificación o la autonomía.

¿LA ESQUIZOFRENIA SIEMPRE IMPLICA ALUCINACIONES?

No.

Las alucinaciones son uno de los síntomas más conocidos, pero no todas las personas con esquizofrenia las presentan permanentemente.

Tampoco todas las personas experimentan delirios.

El trastorno puede presentar diferentes combinaciones de síntomas y diferentes niveles de gravedad.

Por eso, no es correcto reducir la esquizofrenia a «escuchar voces».

La experiencia clínica es mucho más amplia.

¿CUÁNDO APARECE LA ESQUIZOFRENIA?

La esquizofrenia suele comenzar durante la adolescencia tardía o durante la edad adulta temprana, aunque existe una considerable variabilidad individual.

El inicio antes de la adolescencia es poco frecuente.

También puede existir un comienzo más tardío, aunque estos casos son menos habituales.

En ocasiones, el comienzo es relativamente rápido y los síntomas psicóticos aparecen de forma evidente.

En otras personas, el proceso puede ser mucho más gradual.

Pueden aparecer primero cambios en el comportamiento, aislamiento social, pérdida de interés, dificultades académicas o laborales, alteraciones del sueño, problemas de concentración o modificaciones progresivas en la forma de relacionarse con los demás.

Esta etapa puede recibir el nombre de fase prodrómica.

LAS FASES DE LA ESQUIZOFRENIA

Aunque cada persona presenta una evolución diferente, los modelos clínicos suelen distinguir diferentes momentos en el curso del trastorno.

Fase prodrómica

Es el periodo previo a la aparición clara de los síntomas psicóticos.

Pueden aparecer cambios inespecíficos en el funcionamiento de la persona y, en algunos casos, síntomas psicóticos atenuados o breves.

Fase activa

Es el momento en el que los síntomas psicóticos y desorganizados adquieren una mayor intensidad.

Pueden aparecer delirios, alucinaciones, alteraciones importantes del lenguaje o del comportamiento y otras manifestaciones clínicas.

Fase residual

Después de la fase activa puede producirse una recuperación importante o persistir determinadas dificultades.

La fase residual suele caracterizarse especialmente por síntomas negativos y afectivos. En algunos casos pueden permanecer síntomas positivos, aunque generalmente con un mayor grado de crítica sobre esas experiencias.

Esto ayuda a comprender algo importante: la evolución de la esquizofrenia no tiene por qué ser una línea descendente permanente.

Puede existir recuperación, recaída y nueva recuperación.

¿QUÉ CAUSA LA ESQUIZOFRENIA?

No existe una única causa conocida.

La evidencia recogida en los manuales señala que la esquizofrenia parece desarrollarse a partir de una combinación de factores genéticos y ambientales.

La genética desempeña un papel importante, pero tener antecedentes familiares no significa que una persona vaya necesariamente a desarrollar esquizofrenia.

Se considera que existe una vulnerabilidad determinada por múltiples factores genéticos, sobre la que pueden actuar diferentes circunstancias ambientales.

Entre los factores de riesgo estudiados se encuentran determinadas complicaciones durante el embarazo y el parto, algunas condiciones prenatales y perinatales, el estrés, determinadas infecciones, la malnutrición y otros factores ambientales.

Pero ninguno de estos factores, considerado de manera aislada, permite explicar por sí mismo el desarrollo del trastorno.

EL MODELO DE VULNERABILIDAD-ESTRÉS

Una de las propuestas más útiles para comprender la esquizofrenia es el modelo de vulnerabilidad-estrés de Zubin y Spring.

La idea fundamental es relativamente sencilla.

Algunas personas presentan una determinada vulnerabilidad psicológica y biológica.

Esa vulnerabilidad no significa que necesariamente desarrollen esquizofrenia.

El problema puede aparecer cuando determinados factores estresantes superan la capacidad de la persona para afrontarlos.

Los factores protectores también tienen importancia.

Las habilidades de afrontamiento, la competencia social, el apoyo familiar y las redes sociales pueden modificar el impacto de los acontecimientos estresantes.

Por tanto, no hablamos de una relación simple del tipo:

«Genética = esquizofrenia.»

El modelo es mucho más parecido a:

Vulnerabilidad + circunstancias ambientales + estrés + factores protectores = evolución individual.

Esta perspectiva resulta especialmente interesante porque permite entender que la vulnerabilidad y el episodio psicótico no son exactamente lo mismo.

¿LA ESQUIZOFRENIA ES PARA TODA LA VIDA?

Es una pregunta frecuente y merece una respuesta cuidadosa.

La esquizofrenia puede tener una evolución prolongada y requiere seguimiento en muchos casos, pero no es correcto afirmar que todas las personas evolucionen de la misma manera o que necesariamente exista un deterioro continuo.

El modelo de vulnerabilidad de Zubin y Spring plantea precisamente que la vulnerabilidad puede ser relativamente estable mientras que los episodios psicóticos pueden aparecer y desaparecer.

Algunas personas presentan una evolución con recaídas.

Otras consiguen periodos prolongados de estabilidad.

Y algunas alcanzan niveles importantes de recuperación y funcionamiento.

La evolución depende de múltiples variables, entre ellas la edad de inicio, la forma de comienzo, la sintomatología predominante, el funcionamiento previo, los antecedentes, el apoyo social y la respuesta al tratamiento.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA LA ESQUIZOFRENIA?

No existe una prueba médica única que permita confirmar la esquizofrenia.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico.

El profesional necesita estudiar los síntomas, su duración, la evolución del problema, el funcionamiento previo y actual, el contexto de la persona y otras posibles explicaciones.

Además, es necesario descartar que los síntomas se deban a sustancias, medicamentos, enfermedades médicas u otros trastornos psicológicos.

Por ejemplo, determinados cuadros afectivos pueden presentar síntomas psicóticos, pero su relación temporal con los episodios depresivos o maníacos permite diferenciarlos de la esquizofrenia.

También es importante diferenciarla del trastorno delirante, el trastorno esquizofreniforme, el trastorno esquizoafectivo, los trastornos psicóticos inducidos por sustancias y otros cuadros.

El diagnóstico diferencial es especialmente importante porque dos personas pueden presentar «alucinaciones» o «delirios» y, sin embargo, tener problemas psicológicos diferentes.

ESQUIZOFRENIA Y TRASTORNO DELIRANTE: NO SON LO MISMO

El trastorno delirante se caracteriza fundamentalmente por la presencia de ideas delirantes, mientras que en la esquizofrenia suele existir una alteración psicopatológica más amplia.

Además, la esquizofrenia suele producir una afectación funcional mayor y puede acompañarse de alucinaciones, síntomas negativos, desorganización y otras alteraciones.

Por eso, escuchar una voz o tener una idea extraña no permite por sí solo determinar qué trastorno existe.

EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA

El tratamiento de la esquizofrenia debe ser integral.

La intervención farmacológica ocupa un lugar fundamental, especialmente mediante medicamentos antipsicóticos.

Los antipsicóticos son el tratamiento farmacológico de elección y presentan una eficacia especialmente importante sobre los síntomas positivos. Los materiales de tratamiento también señalan que su combinación con intervención psicológica puede mejorar los resultados.

Pero reducir el tratamiento a la medicación sería insuficiente.

La esquizofrenia puede afectar a la motivación, las relaciones, el trabajo, las capacidades cognitivas, la autonomía y la convivencia.

Por ello, la intervención psicológica y psicosocial puede ser fundamental.

INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA

Las intervenciones psicológicas pueden dirigirse a diferentes objetivos.

Entre ellos:

  • Reducir el impacto de los síntomas psicóticos.

  • Mejorar las estrategias de afrontamiento.

  • Trabajar las dificultades cognitivas.

  • Mejorar las habilidades sociales.

  • Favorecer la autonomía.

  • Mejorar la resolución de problemas.

  • Facilitar la adaptación a las actividades cotidianas.

  • Prevenir recaídas.

  • Mejorar la adherencia al tratamiento.

La terapia cognitivo-conductual para los síntomas psicóticos constituye una de las intervenciones psicológicas con mayor apoyo experimental. Puede trabajar, entre otros aspectos, las experiencias relacionadas con delirios y alucinaciones, incluyendo estrategias dirigidas a disminuir la ansiedad asociada a las voces.

También existen programas estructurados de rehabilitación cognitiva y competencia social.

La Terapia Psicológica Integrada de Roder y Brenner, por ejemplo, incluye módulos dirigidos a la diferenciación cognitiva, percepción social, comunicación verbal, habilidades sociales y resolución de problemas interpersonales.

LA INTERVENCIÓN CON LA FAMILIA

La familia puede desempeñar un papel muy importante.

Pero esto no significa responsabilizarla de la enfermedad.

Durante años se estudiaron determinadas características de la comunicación familiar bajo el concepto de emoción expresada, que incluye elementos como la crítica, la hostilidad y la sobreimplicación.

Los programas de intervención familiar pretenden reducir estos factores, mejorar la comunicación y proporcionar a la familia conocimientos y estrategias para afrontar el trastorno.

La psicoeducación puede ayudar tanto a la persona afectada como a sus familiares a comprender mejor qué está ocurriendo, reconocer señales de alerta y favorecer la continuidad del tratamiento.

¿QUÉ PUEDE HACER UNA PERSONA CON ESQUIZOFRENIA EN SU DÍA A DÍA?

Además del tratamiento profesional, determinados hábitos pueden favorecer la estabilidad.

Mantener rutinas regulares puede ayudar a estructurar el día.

Dormir adecuadamente es importante, especialmente porque las alteraciones del sueño pueden relacionarse con una mayor vulnerabilidad psicológica.

También puede resultar útil evitar el consumo de sustancias que puedan interferir con el tratamiento o aumentar el riesgo de descompensación.

La actividad física, el mantenimiento de relaciones sociales y la participación progresiva en actividades significativas pueden formar parte de un proceso de recuperación.

Pero estas recomendaciones nunca deben utilizarse para sustituir el tratamiento profesional.

LA IMPORTANCIA DE DETECTAR LAS RECAÍDAS

Uno de los objetivos importantes del tratamiento es prevenir nuevas descompensaciones.

Las recaídas pueden ir precedidas por cambios que, observados a tiempo, permiten intervenir antes de que los síntomas alcancen una intensidad elevada.

Algunas señales pueden ser:

  • Alteraciones importantes del sueño.

  • Mayor aislamiento.

  • Incremento de la desconfianza.

  • Cambios llamativos en el comportamiento.

  • Abandono de rutinas.

  • Aumento de experiencias perceptivas extrañas.

  • Mayor dificultad para organizar el pensamiento.

  • Abandono de la medicación prescrita.

No todas estas señales significan necesariamente una recaída.

Pero cuando aparecen cambios importantes respecto al funcionamiento habitual, es recomendable consultar con el equipo profesional responsable.

ESQUIZOFRENIA Y ESTIGMA

Quizá una de las mayores dificultades asociadas a la esquizofrenia no proceda directamente del trastorno, sino de la forma en que la sociedad lo interpreta.

Las personas con esquizofrenia no son automáticamente violentas ni peligrosas.

La asociación entre enfermedad mental grave y violencia es una simplificación que contribuye a aumentar el estigma y puede dificultar que las personas busquen ayuda.

También es importante evitar otro error frecuente: pensar que una persona con esquizofrenia es incapaz de tomar decisiones, trabajar, tener relaciones o desarrollar proyectos personales.

El nivel de funcionamiento puede variar enormemente entre personas.

La intervención psicológica debe intentar precisamente potenciar las capacidades conservadas y favorecer la recuperación de aquellas áreas que se hayan visto afectadas.

CONCLUSIÓN

La esquizofrenia es un trastorno psicótico complejo que puede alterar profundamente la percepción, el pensamiento, las emociones, la conducta y las relaciones sociales.

Puede incluir síntomas positivos, como delirios, alucinaciones y desorganización, pero también síntomas negativos, como apatía, abulia, anhedonia, aislamiento social o reducción de la expresión emocional.

También pueden aparecer dificultades cognitivas que interfieren en la memoria, la atención y la organización de la información.

Sin embargo, la esquizofrenia no puede reducirse a una colección de síntomas ni debe entenderse como una sentencia de deterioro inevitable.

Su evolución es variable.

El modelo de vulnerabilidad-estrés permite comprender que diferentes factores biológicos, psicológicos y ambientales pueden interactuar y que los factores protectores también pueden desempeñar un papel importante.

El tratamiento debe ser igualmente amplio.

La medicación antipsicótica constituye un elemento fundamental, pero puede complementarse con intervención psicológica, psicoeducación, intervención familiar, rehabilitación cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales y apoyo para recuperar el funcionamiento cotidiano.

Y quizá haya una última idea que merece la pena recordar.

Una persona no es su diagnóstico.

La esquizofrenia puede formar parte de la historia de alguien, pero no define todo lo que esa persona es, ni elimina sus capacidades, sus intereses, sus relaciones o sus posibilidades de recuperación.

Comprender el trastorno con rigor científico también significa aprender a mirar a la persona que existe detrás de él.