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TRASTORNO BIPOLAR
TRASTORNO BIPOLAR: QUÉ ES, SÍNTOMAS, TIPOS, CAUSAS Y TRATAMIENTO
El estado de ánimo no es una línea recta.
A lo largo de nuestra vida podemos sentirnos alegres, tristes, irritados, motivados, cansados o llenos de energía. Nuestro humor cambia en función de lo que nos ocurre, de nuestras circunstancias y también de factores internos como el sueño, el estrés o nuestra propia biología.
Estos cambios forman parte de la experiencia humana.
Sin embargo, en algunas personas las alteraciones del estado de ánimo alcanzan una intensidad y una duración que pueden afectar profundamente a su vida. Es el caso del trastorno bipolar, un problema de salud mental caracterizado por la aparición de episodios afectivos en los que pueden alternarse periodos de depresión con episodios de manía o hipomanía.
Y aquí aparece una primera idea importante: el trastorno bipolar no consiste simplemente en «tener cambios de humor».
El término se utiliza a veces para describir a una persona que cambia rápidamente de opinión, que pasa de estar contenta a enfadada o que tiene un carácter impredecible. Pero esto no es lo que significa clínicamente tener un trastorno bipolar.
La bipolaridad implica episodios afectivos definidos, con cambios significativos respecto al funcionamiento habitual de la persona y con consecuencias que pueden llegar a ser importantes.
Además, existen diferentes formas de trastorno bipolar. No todas las personas presentan el mismo patrón ni atraviesan los mismos episodios.
¿QUÉ ES EL TRASTORNO BIPOLAR?
El trastorno bipolar pertenece al grupo de los trastornos bipolares y relacionados.
Su característica central es la presencia de episodios en los que se producen alteraciones importantes del estado de ánimo y de los niveles de actividad y energía.
En el trastorno bipolar tipo I debe haber, como mínimo, un episodio maníaco. La persona puede haber experimentado también episodios depresivos mayores o hipomaníacos, pero estos no son imprescindibles para establecer el diagnóstico.
En el trastorno bipolar tipo II, en cambio, debe existir al menos un episodio hipomaníaco y al menos un episodio depresivo mayor, sin que haya existido nunca un episodio maníaco.
Esta diferencia es fundamental.
Por eso, una persona que presenta depresión no necesariamente tiene un trastorno depresivo unipolar. En algunos casos, detrás de los episodios depresivos puede existir una historia previa de hipomanía o manía que resulta esencial para comprender correctamente el cuadro.
¿TRASTORNO BIPOLAR SIGNIFICA TENER CAMBIOS DE HUMOR?
No exactamente.
Todos podemos experimentar cambios emocionales.
Podemos levantarnos de buen humor y terminar el día irritados. Podemos sentirnos especialmente motivados durante una semana y después atravesar unos días de menor energía.
Eso forma parte de la variabilidad normal del estado de ánimo.
En el trastorno bipolar hablamos de episodios afectivos que representan un cambio claro respecto al funcionamiento habitual y que alcanzan una intensidad suficiente para producir consecuencias relevantes.
Por tanto, no debemos utilizar la expresión «bipolar» para describir simplemente a una persona cambiante, impulsiva o emocionalmente inestable.
La bipolaridad es un trastorno clínico que requiere una evaluación profesional.
LOS EPISODIOS DEL TRASTORNO BIPOLAR
Para comprender el trastorno bipolar es necesario conocer sus principales episodios.
Los más importantes son:
-
Episodio maníaco.
-
Episodio hipomaníaco.
-
Episodio depresivo mayor.
-
Episodios con características mixtas.
Estos episodios pueden combinarse de diferentes maneras dependiendo del tipo de trastorno bipolar y de la evolución de cada persona.
EL EPISODIO MANÍACO
La manía es probablemente la manifestación que más diferencia al trastorno bipolar de la depresión unipolar.
Durante un episodio maníaco se produce un periodo claramente delimitado en el que el estado de ánimo es anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, acompañado de un incremento también anormal de la actividad o de la energía.
Según el DSM-5, este periodo debe durar al menos una semana, salvo que sea necesaria la hospitalización antes de ese momento.
Durante la manía pueden aparecer diferentes cambios.
La persona puede:
-
Dormir mucho menos sin experimentar la sensación habitual de cansancio.
-
Hablar mucho más y con mayor rapidez.
-
Tener una autoestima exageradamente elevada.
-
Sentirse especialmente capaz, poderosa o importante.
-
Experimentar una gran cantidad de ideas.
-
Distraerse con facilidad.
-
Aumentar considerablemente su actividad.
-
Iniciar numerosos proyectos.
-
Mostrar mayor impulsividad.
-
Participar en actividades placenteras con consecuencias potencialmente graves.
Por ejemplo, puede realizar gastos económicos desproporcionados, asumir riesgos innecesarios, tomar decisiones impulsivas o involucrarse en conductas que posteriormente tengan consecuencias importantes.
No se trata simplemente de estar «muy contento».
La manía puede alterar considerablemente el juicio y el funcionamiento de la persona.
En los episodios más graves puede aparecer deterioro importante, hospitalización o síntomas psicóticos.
LA HIPOMANÍA
La hipomanía comparte muchas características con la manía, pero presenta una intensidad menor.
Según el DSM-5, debe existir un periodo de al menos cuatro días consecutivos caracterizado por un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, junto con un aumento también anormal de la actividad o la energía.
También pueden aparecer:
-
Menor necesidad de dormir.
-
Mayor actividad.
-
Verborrea.
-
Aumento de la autoestima.
-
Mayor distractibilidad.
-
Incremento de la actividad dirigida a objetivos.
-
Mayor impulsividad.
-
Aumento de determinadas actividades placenteras.
La diferencia no consiste únicamente en que la hipomanía dure menos.
También es menos grave y no produce el deterioro funcional marcado característico de la manía.
A primera vista, incluso puede resultar difícil identificarla como un problema.
Una persona puede sentirse especialmente productiva, sociable, creativa o llena de energía.
Y precisamente por eso la hipomanía puede pasar desapercibida.
EL EPISODIO DEPRESIVO
La otra cara del trastorno bipolar puede ser la depresión.
Durante un episodio depresivo pueden aparecer tristeza, pérdida de interés o placer, falta de energía, alteraciones del sueño y del apetito, dificultades de concentración, sentimientos de culpa o inutilidad y pensamientos relacionados con la muerte.
La depresión bipolar puede parecerse mucho a una depresión mayor.
De hecho, una de las dificultades clínicas consiste precisamente en distinguir una depresión unipolar de una depresión que forma parte de un trastorno bipolar.
Sin embargo, existen algunas características que pueden orientar la evaluación.
En comparación con la depresión unipolar, en los trastornos bipolares se describen con mayor frecuencia determinados síntomas atípicos, labilidad emocional, impulsividad, hipersomnia y antecedentes familiares de manía, entre otros elementos.
Esto no significa que una característica aislada permita diagnosticar bipolaridad.
La evaluación debe considerar la historia completa de la persona.
TRASTORNO BIPOLAR I
El trastorno bipolar tipo I se define por la presencia de al menos un episodio maníaco.
La persona puede haber presentado también episodios depresivos mayores o hipomaníacos, pero no son necesarios para establecer el diagnóstico.
Esta cuestión suele generar cierta confusión.
Alguien puede tener trastorno bipolar I aunque nunca haya tenido un episodio depresivo mayor documentado.
Lo que determina esta categoría diagnóstica es la existencia de un episodio maníaco.
TRASTORNO BIPOLAR II
El trastorno bipolar tipo II requiere dos elementos fundamentales:
-
Al menos un episodio hipomaníaco.
-
Al menos un episodio depresivo mayor.
Y existe una condición esencial: nunca debe haber existido un episodio maníaco.
Esto hace que el trastorno bipolar II pueda pasar desapercibido durante bastante tiempo.
En muchas ocasiones, la persona consulta inicialmente por depresión.
La hipomanía puede no ser identificada como un problema porque puede experimentarse como una época de mayor energía, productividad o confianza.
Sin embargo, el trastorno bipolar II no debe considerarse simplemente una versión «leve» del bipolar I.
Puede producir una afectación considerable del funcionamiento y una elevada carga de síntomas depresivos. Los materiales clínicos señalan precisamente que el DSM-5 dejó de considerar el bipolar II como un cuadro simplemente más leve, debido al importante deterioro que puede generar la inestabilidad del estado de ánimo y al tiempo que las personas pueden pasar deprimidas.
¿QUÉ ES LA CICLOTIMIA?
El trastorno ciclotímico presenta fluctuaciones crónicas del estado de ánimo.
La persona experimenta periodos con síntomas hipomaníacos y periodos con síntomas depresivos, pero estos no llegan a cumplir completamente los criterios necesarios para un episodio hipomaníaco o depresivo mayor.
Se trata, por tanto, de un patrón más persistente y menos intenso que los episodios completos de los trastornos bipolares.
El trastorno ciclotímico suele comenzar durante la adolescencia o la adultez temprana y presenta un curso persistente.
Aunque los síntomas puedan ser menos intensos, esto no significa necesariamente que sean irrelevantes.
Las fluctuaciones mantenidas del estado de ánimo pueden afectar a las relaciones, el trabajo, los estudios y la calidad de vida.
¿PUEDEN EXISTIR SÍNTOMAS DEPRESIVOS Y MANÍACOS AL MISMO TIEMPO?
Sí.
El DSM-5 ya no utiliza el antiguo concepto de «episodio mixto» como categoría independiente, sino que utiliza el especificador «con características mixtas».
Esto permite describir episodios en los que aparecen simultáneamente determinados síntomas de polaridades diferentes.
Por ejemplo, durante un episodio depresivo pueden aparecer algunos síntomas relacionados con la activación maníaca o hipomaníaca, como aumento de energía, menor necesidad de dormir, verborrea, fuga de ideas o incremento de la actividad dirigida a objetivos.
Estas presentaciones pueden resultar especialmente complejas y requieren una evaluación cuidadosa.
¿POR QUÉ APARECE EL TRASTORNO BIPOLAR?
No existe una causa única.
La evidencia recogida en los manuales de psicopatología apunta a una interacción entre factores genéticos, ambientales y procesos epigenéticos.
La influencia genética parece especialmente importante en los trastornos bipolares.
Sin embargo, esto no significa que exista un único «gen de la bipolaridad».
La herencia es compleja y está relacionada con múltiples variantes genéticas que pueden influir sobre diferentes procesos biológicos.
Actualmente no existe un gen concreto que permita predecir individualmente quién desarrollará un trastorno bipolar, cómo será su evolución o cuál será su respuesta al tratamiento.
LOS FACTORES AMBIENTALES
La genética no explica todo.
También pueden intervenir acontecimientos vitales estresantes, determinadas experiencias tempranas, alteraciones de los ritmos circadianos y del sueño, consumo de sustancias y otros factores ambientales.
Esto permite comprender el trastorno desde una perspectiva más completa.
No hablamos de una causa aislada, sino de la interacción de diferentes factores que pueden aumentar o disminuir la vulnerabilidad de una persona.
EL PAPEL DEL SUEÑO Y LOS RITMOS BIOLÓGICOS
El sueño tiene especial relevancia en el trastorno bipolar.
Las alteraciones importantes de los horarios y de los ciclos de sueño-vigilia pueden relacionarse con la estabilidad del estado de ánimo.
Por esta razón, algunas intervenciones psicológicas para el trastorno bipolar prestan especial atención a la regularidad de las rutinas y del sueño.
La Terapia Interpersonal y del Ritmo Social, por ejemplo, busca establecer y mantener rutinas cotidianas estables, regular los ciclos de sueño y vigilia y trabajar los factores interpersonales y estresantes que pueden alterar esos ritmos.
¿ES LO MISMO BIPOLARIDAD QUE DEPRESIÓN?
No.
Una persona con depresión unipolar presenta episodios depresivos sin antecedentes de episodios maníacos o hipomaníacos.
En el trastorno bipolar, en cambio, existe una historia de manía o hipomanía dependiendo del tipo.
Esta diferencia es especialmente importante porque el tratamiento puede ser diferente.
Además, determinados antidepresivos pueden favorecer un viraje hacia síntomas hipomaníacos o maníacos en personas con vulnerabilidad bipolar, por lo que la historia clínica debe evaluarse cuidadosamente antes de establecer un tratamiento.
Por este motivo, cuando una persona consulta por depresión, no basta con preguntar únicamente cómo se encuentra actualmente.
También es necesario explorar cómo ha sido su estado de ánimo a lo largo de su vida.
¿CÓMO SE DIAGNOSTICA EL TRASTORNO BIPOLAR?
El diagnóstico es clínico.
No existe una prueba aislada que permita determinar si alguien «es bipolar».
El profesional debe reconstruir la historia del estado de ánimo de la persona, prestando especial atención a episodios anteriores de depresión, hipomanía y manía.
También es importante conocer:
-
Cuándo comenzaron los síntomas.
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Cuánto duraron.
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Qué cambios se produjeron respecto al funcionamiento habitual.
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Cómo era el sueño.
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Si aumentó la actividad.
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Si aparecieron conductas impulsivas.
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Si hubo consumo de sustancias.
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Si existieron síntomas psicóticos.
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Qué consecuencias tuvieron los episodios.
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Si existen antecedentes familiares.
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Qué tratamientos se han recibido previamente.
Además, es necesario descartar que los síntomas se expliquen mejor por sustancias, medicamentos, enfermedades médicas u otros trastornos.
El diagnóstico diferencial puede ser especialmente complejo con el TDAH, los trastornos de personalidad, los trastornos de ansiedad y determinados trastornos psicóticos.
TRASTORNO BIPOLAR Y TDAH
Algunos síntomas pueden parecerse.
Por ejemplo:
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Distractibilidad.
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Verborrea.
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Impulsividad.
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Mucha actividad.
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Menor necesidad de dormir.
Sin embargo, en el trastorno bipolar estos cambios aparecen dentro de episodios diferenciados respecto al funcionamiento habitual.
En el TDAH, en cambio, los síntomas forman parte de un patrón más persistente.
Por eso, la historia temporal de los síntomas es especialmente importante para distinguir ambos problemas.
TRASTORNO BIPOLAR Y ESQUIZOFRENIA
También pueden aparecer síntomas psicóticos en el trastorno bipolar.
Por ejemplo, durante determinados episodios pueden aparecer delirios o alucinaciones.
Esto no significa que el trastorno bipolar y la esquizofrenia sean lo mismo.
En el trastorno bipolar, los síntomas psicóticos suelen estar vinculados a los episodios afectivos y tienen un carácter más episódico. En la esquizofrenia, en cambio, existe un predominio mayor de síntomas psicóticos y otros cambios característicos.
El momento en que aparecen los síntomas psicóticos y su relación con los cambios afectivos son elementos importantes para realizar el diagnóstico diferencial.
¿CÓMO SE TRATA EL TRASTORNO BIPOLAR?
El tratamiento suele requerir un abordaje integral.
La intervención farmacológica ocupa un lugar fundamental.
Entre los fármacos utilizados se encuentran los estabilizadores del ánimo y determinados antipsicóticos. El litio es uno de los tratamientos más importantes y se utiliza tanto en episodios maníacos como en el mantenimiento y la prevención de recaídas. También se ha asociado con una reducción del riesgo de suicidio.
El tratamiento farmacológico debe ser siempre individualizado y supervisado por un profesional médico.
En el caso del litio, por ejemplo, es necesario realizar controles periódicos debido a su estrecho margen terapéutico y al riesgo de toxicidad.
LA PSICOEDUCACIÓN
La medicación es importante, pero no constituye todo el tratamiento.
La psicoeducación desempeña un papel especialmente relevante.
Su objetivo es ayudar a la persona a comprender el trastorno, reconocer señales tempranas de descompensación, mejorar la adherencia al tratamiento, reducir determinados factores de riesgo y aprender estrategias para prevenir nuevas crisis.
Los programas psicoeducativos también pueden trabajar la conciencia de enfermedad, la identificación de pródromos y la prevención del consumo de sustancias. Los materiales revisados la señalan como una de las intervenciones psicológicas con mayor consenso clínico y apoyo empírico dentro del tratamiento del trastorno bipolar.
TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL
Las intervenciones cognitivo-conductuales también pueden incorporarse al tratamiento.
Pueden trabajar pensamientos y creencias disfuncionales, adherencia terapéutica, identificación de señales de riesgo, estrategias de afrontamiento y prevención de recaídas.
No se trata de sustituir el tratamiento médico, sino de complementarlo cuando está indicado.
TERAPIA INTERPERSONAL Y DEL RITMO SOCIAL
Esta intervención fue desarrollada específicamente para el trastorno bipolar y combina dos elementos principales.
Por una parte, trabaja las relaciones interpersonales.
Por otra, presta especial atención a la estabilidad de las rutinas diarias y de los ciclos de sueño y vigilia.
También busca identificar acontecimientos estresantes que puedan alterar las rutinas y aumentar la vulnerabilidad a nuevos episodios.
PAUTAS Y CONSEJOS PARA UNA PERSONA CON TRASTORNO BIPOLAR
Las recomendaciones deben individualizarse y nunca sustituyen el tratamiento profesional, pero existen algunos principios generales que pueden ser útiles.
MANTENER HORARIOS REGULARES
La estabilidad de las rutinas puede ser especialmente importante.
Intentar mantener horarios relativamente constantes para dormir, levantarse, comer y realizar las actividades cotidianas puede ayudar a reducir alteraciones importantes de los ritmos diarios.
CUIDAR ESPECIALMENTE EL SUEÑO
Dormir poco no debería considerarse simplemente una consecuencia inevitable de una época de mucho trabajo.
En una persona con trastorno bipolar, una reducción marcada de la necesidad de dormir puede formar parte de un episodio hipomaníaco o maníaco.
Por eso, los cambios llamativos en el sueño merecen atención.
CONOCER LAS SEÑALES DE ALERTA
Aprender a identificar los primeros cambios puede ser muy útil.
Algunas señales pueden ser:
-
Dormir mucho menos sin sentirse cansado.
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Aumento inusual de energía.
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Hablar mucho más rápido.
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Empezar numerosos proyectos.
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Aumento de la impulsividad.
-
Incremento de gastos.
-
Mayor irritabilidad.
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Cambios llamativos en el comportamiento.
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Aislamiento creciente.
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Descenso importante del estado de ánimo.
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Pérdida de interés.
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Aparición de pensamientos de muerte.
Estas señales no significan automáticamente que esté comenzando un episodio, pero conviene conocerlas dentro del plan de tratamiento individual.
EVITAR EL CONSUMO DE SUSTANCIAS
El consumo de determinadas sustancias puede interferir con la estabilidad del estado de ánimo y complicar el tratamiento.
Por ello, la prevención del consumo de drogas forma parte de los objetivos de los programas psicoeducativos para el trastorno bipolar.
NO SUSPENDER LA MEDICACIÓN POR CUENTA PROPIA
Sentirse mejor no significa necesariamente que el trastorno haya desaparecido.
La interrupción de la medicación debe ser una decisión médica y realizarse de manera supervisada.
El tratamiento de mantenimiento tiene precisamente entre sus objetivos reducir el riesgo de nuevas recaídas.
PEDIR AYUDA ANTE CAMBIOS IMPORTANTES
Si aparecen cambios importantes en el sueño, la actividad, la conducta, el estado de ánimo o el pensamiento, es recomendable contactar con el profesional responsable del tratamiento.
Especialmente cuando existe un empeoramiento rápido o aparecen ideas relacionadas con la muerte o el suicidio, la situación requiere una valoración profesional urgente.
EL TRASTORNO BIPOLAR NO DEFINE A LA PERSONA
Quizá esta sea una de las ideas más importantes.
Tener un trastorno bipolar no significa ser una persona «inestable», «impredecible» o «difícil».
Tampoco significa que la persona vaya a permanecer siempre en una montaña rusa emocional.
El trastorno puede producir episodios y periodos de estabilidad.
Con un tratamiento adecuado y un seguimiento profesional, muchas personas pueden desarrollar proyectos personales, mantener relaciones, trabajar, estudiar y disfrutar de una vida significativa.
El objetivo no es convertir a la persona en alguien que nunca experimente cambios emocionales.
El objetivo es conseguir una mayor estabilidad y reducir el impacto de los episodios sobre su vida.
CONCLUSIÓN
El trastorno bipolar es un trastorno complejo del estado de ánimo caracterizado por la aparición de episodios afectivos que pueden incluir manía, hipomanía y depresión.
No consiste simplemente en cambiar de humor.
Tampoco significa tener una «doble personalidad».
Es un problema psicológico y médico que puede afectar profundamente al funcionamiento de la persona, pero cuya evolución es variable y que puede ser tratado.
El trastorno bipolar tipo I se caracteriza por la presencia de al menos un episodio maníaco, mientras que el tipo II combina episodios depresivos mayores e hipomaníacos sin antecedentes de manía.
Su origen parece estar relacionado con una interacción compleja entre factores genéticos, biológicos y ambientales.
El tratamiento suele combinar intervención farmacológica y psicológica. El litio y otros tratamientos farmacológicos ocupan un papel fundamental, mientras que la psicoeducación, las intervenciones cognitivo-conductuales y la terapia interpersonal y del ritmo social pueden ayudar a mejorar la estabilidad, la adherencia y la prevención de recaídas.
Y quizá podamos quedarnos con una última idea.
La estabilidad emocional no significa sentir siempre lo mismo.
Significa poder experimentar nuestras emociones sin que estas terminen tomando el control de nuestra vida.