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DEPRESIÓN
Depresión: qué es, síntomas, causas y cómo superarla
Hay momentos en los que la vida pesa más de lo habitual. Podemos atravesar una ruptura, perder a alguien importante, tener problemas en el trabajo, problemas económicos, sentirnos desbordados por nuestras responsabilidades o simplemente pasar por una etapa en la que nada parece salir como esperábamos.
En esas situaciones es normal sentirse triste.
Pero la depresión es algo diferente.
No consiste simplemente en estar triste durante unos días. Puede cambiar la manera en que una persona piensa, siente, se relaciona con los demás e incluso percibe su propio futuro. Cosas que antes resultaban agradables pueden dejar de interesar, levantarse de la cama puede convertirse en un esfuerzo enorme y actividades cotidianas que antes se realizaban automáticamente pueden requerir una cantidad de energía que ya no parece estar disponible.
Y precisamente porque la depresión puede resultar tan incapacitante, es importante entenderla bien.
La depresión es un problema psicológico frecuente y tratable. Con una evaluación adecuada y el tratamiento indicado, muchas personas pueden mejorar de forma significativa y recuperar progresivamente su vida cotidiana.
¿Qué es la depresión?
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a diferentes áreas del funcionamiento de una persona. Sus manifestaciones no se limitan a las emociones: también pueden aparecer cambios en la forma de pensar, en el comportamiento, en el sueño, en el apetito, en la energía y en las relaciones sociales.
En términos clínicos, uno de los cuadros más conocidos es el trastorno depresivo mayor.
La característica fundamental no es únicamente que exista tristeza. También puede aparecer una disminución marcada del interés o del placer por actividades que anteriormente resultaban significativas.
La Organización Mundial de la Salud describe la depresión precisamente a partir de dos elementos centrales: un estado de ánimo deprimido o una pérdida del interés y del placer durante periodos prolongados. Además, puede producir dificultades importantes en diferentes ámbitos de la vida.
Por eso, cuando hablamos de depresión estamos hablando de algo bastante más amplio que «estar de bajón».
Estar triste no significa tener depresión
Esta distinción es fundamental.
La tristeza es una emoción normal. Puede aparecer después de una pérdida, una decepción, un conflicto o cualquier otra experiencia difícil. No necesitamos eliminarla inmediatamente: forma parte de nuestra capacidad para adaptarnos a lo que nos ocurre.
La depresión, en cambio, implica un conjunto de síntomas que pueden mantenerse durante un periodo considerable y producir un deterioro significativo.
Además, no todas las personas con depresión experimentan exactamente lo mismo.
Una persona puede sentirse profundamente triste. Otra puede describir principalmente vacío o apatía. Otra puede encontrarse constantemente cansada y sin capacidad para disfrutar. Y en algunos casos predominan la irritabilidad, la culpa o la sensación de haber perdido el rumbo.
Por eso no existe una única manera de «parecer deprimido».
¿Cómo saber si puedo estar deprimido?
Una evaluación profesional es la forma adecuada de determinar si existe un trastorno depresivo. No obstante, conocer sus principales manifestaciones puede ayudarnos a identificar cuándo merece la pena pedir ayuda. Es importante saber que existen diferentes áreas de manifestación del síndrome depresivo, incluyendo aspectos emocionales, cognitivos, conductuales y físicos.
Entre los síntomas que pueden aparecer encontramos:
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Estado de ánimo deprimido.
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Pérdida de interés por actividades habituales.
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Disminución de la capacidad para disfrutar.
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Falta de energía.
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Alteraciones del sueño.
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Cambios en el apetito o el peso.
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Dificultades para concentrarse.
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Problemas para tomar decisiones.
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Sentimientos de culpa o inutilidad.
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Desesperanza.
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Agitación o enlentecimiento.
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Aislamiento social.
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Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
La pérdida de interés: cuando las cosas dejan de importar
Uno de los síntomas que merece especial atención es la pérdida de interés o placer.
Imagina que alguien disfrutaba jugando a videojuegos, haciendo deporte, cocinando, quedando con sus amigos o viendo películas.
Con la depresión puede ocurrir algo extraño: esas actividades siguen estando ahí, pero ya no producen prácticamente nada.
La persona puede pensar:
«Antes esto me encantaba, pero ahora me da igual.»
No es necesariamente que haya decidido dejar de disfrutar.
Es que su capacidad para experimentar satisfacción puede encontrarse temporalmente reducida.
Este fenómeno se conoce como anhedonia y constituye uno de los conceptos importantes para comprender la depresión.
La depresión también afecta al cuerpo
A veces existe la idea de que la depresión es un problema exclusivamente mental.
No es así.
El estado de ánimo y el funcionamiento corporal están estrechamente relacionados, y durante una depresión pueden producirse cambios importantes en el sueño, el apetito, la energía y la actividad.
Algunas personas duermen muchísimo y siguen sintiéndose agotadas. Otras tienen insomnio.
Puede aumentar o disminuir el apetito.
Puede costar concentrarse o incluso mantener una conversación durante mucho tiempo.
Y algo tan sencillo como levantarse y comenzar el día puede convertirse en una tarea extraordinariamente difícil.
La depresión puede tener, por tanto, una dimensión física muy evidente.
¿Por qué aparece la depresión?
No existe una única explicación.
La depresión es un fenómeno complejo en el que pueden interactuar diferentes factores. La vulnerabilidad individual, las experiencias vitales, determinadas circunstancias ambientales y diferentes procesos psicológicos pueden contribuir a su aparición y mantenimiento.
Factores biológicos
Existe una influencia de diferentes factores biológicos y genéticos sobre la vulnerabilidad a desarrollar problemas depresivos.
Pero conviene evitar una explicación excesivamente sencilla.
No podemos reducir la depresión a «tener poca serotonina» ni entenderla como si existiera una única alteración biológica responsable de todos los casos.
La realidad es considerablemente más compleja.
Factores psicológicos
La manera en que una persona interpreta sus experiencias también puede influir.
La autocrítica intensa, determinados patrones de pensamiento negativos, la rumiación, la sensación de incapacidad para afrontar problemas o una percepción muy negativa de uno mismo pueden contribuir al mantenimiento del malestar.
Esto no significa que la persona sea responsable de su depresión.
Significa que algunos procesos psicológicos pueden convertirse en parte del problema y, precisamente por ello, también pueden trabajarse durante la terapia.
Factores ambientales
Algunas experiencias aumentan la vulnerabilidad:
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Pérdidas importantes.
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Conflictos familiares.
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Problemas laborales.
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Dificultades económicas.
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Aislamiento social.
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Experiencias traumáticas.
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Enfermedades físicas.
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Periodos prolongados de estrés.
Pero tampoco debemos caer en el error contrario.
No todas las depresiones aparecen después de un acontecimiento claramente identificable.
A veces una persona no encuentra una explicación concreta para lo que está sintiendo.
Y eso no hace que su sufrimiento sea menos real.
El círculo que puede mantener la depresión
Existe un proceso muy frecuente que ayuda a comprender por qué la depresión puede terminar convirtiéndose en una especie de trampa.
Imagina que una persona empieza a sentirse agotada y desmotivada.
Como tiene poca energía, comienza a hacer menos cosas.
Deja de salir.
Responde menos mensajes.
Abandona alguna afición.
Se relaciona menos.
Deja para mañana algunas obligaciones.
Al principio estas conductas pueden proporcionar cierto alivio porque reducen el esfuerzo.
Pero poco a poco ocurre algo más.
La persona recibe menos experiencias agradables, tiene menos contacto social y acumula menos situaciones en las que pueda sentirse capaz o satisfecha.
Entonces aparecen pensamientos negativos.
«Estoy perdiendo el control.»
«No soy capaz de hacer nada.»
«Cada vez estoy peor.»
Estos pensamientos pueden generar todavía más desánimo y favorecer que la persona vuelva a retirarse.
Así se establece un círculo difícil de romper.
Comprender este proceso es especialmente importante porque permite entender por qué uno de los objetivos de determinados tratamientos psicológicos consiste precisamente en recuperar progresivamente la actividad.
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«Si quisiera, saldría de casa.»
«Solo tiene que poner de su parte.»
«Hay gente que está peor y sigue adelante.»
Son frases que podemos escuchar con frecuencia.
Y aunque puedan decirse con buena intención, suelen ser poco útiles.
La depresión puede afectar precisamente a la energía, la motivación, la capacidad de experimentar placer y la iniciativa.
No es razonable exigir a una persona deprimida que funcione exactamente igual que cuando se encontraba bien.
Esto no significa que la persona no pueda hacer nada.
Significa que probablemente necesite empezar por objetivos mucho más pequeños y contar, cuando sea necesario, con ayuda profesional.
¿Se puede superar la depresión?
Sí.
La depresión tiene tratamiento y existen intervenciones psicológicas con evidencia científica para abordarla. La OMS señala, entre otras, la activación conductual, la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia interpersonal y las intervenciones de resolución de problemas.
En algunos casos también puede estar indicado un tratamiento farmacológico, especialmente cuando la depresión presenta una mayor gravedad. La decisión debe realizarse individualmente con el profesional sanitario correspondiente.
No existe una única receta válida para todo el mundo.
¿Cómo se trata la depresión desde la psicología?
Terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual trabaja sobre la relación entre pensamientos, emociones y conductas.
Por ejemplo, una persona puede interpretar un error como una demostración de que «no sirve para nada», sentirse todavía peor y posteriormente evitar situaciones en las que podría volver a equivocarse.
La terapia permite analizar estos patrones y desarrollar formas más flexibles de responder.
Activación conductual
La activación conductual presta especial atención a la relación entre lo que hacemos y nuestro estado de ánimo.
No se trata simplemente de decirle a una persona deprimida que «haga más cosas».
Se trabaja de manera planificada y progresiva para recuperar actividades relevantes, reducir patrones de evitación y aumentar las oportunidades de contacto con experiencias valiosas, siendo una intervención psicológica basada en identificar la relación entre las actividades de la persona y su estado de ánimo.
Psicoterapia interpersonal
La depresión también puede estar relacionada con dificultades en las relaciones, pérdidas, cambios importantes de rol o problemas interpersonales.
La psicoterapia interpersonal trabaja precisamente sobre estas áreas y sobre la relación existente entre el contexto interpersonal y el estado emocional.
¿Qué puedes hacer si estás pasando por una depresión?
Las siguientes recomendaciones no sustituyen a un tratamiento, pero pueden servir como orientación.
1. Empieza por algo pequeño
Uno de los mayores errores es establecer objetivos enormes cuando apenas tenemos energía.
No necesitas transformar tu vida esta semana.
Quizá el objetivo de hoy sea ducharte.
Mañana, salir diez minutos.
Después, llamar a una persona de confianza.
Los pequeños avances cuentan.
2. No esperes a recuperar la motivación
Puede parecer lógico pensar:
«Cuando me encuentre mejor, empezaré a hacer cosas.»
Pero en la depresión puede ocurrir justamente lo contrario.
En ocasiones es necesario comenzar con pequeñas conductas antes de que aparezca la motivación.
No se trata de obligarte a sentirte bien.
Se trata de crear poco a poco condiciones que faciliten la recuperación.
3. Mantén una rutina básica
Intenta conservar unos horarios relativamente estables para levantarte, comer, dormir y realizar las actividades esenciales.
No necesitas una rutina perfecta.
Necesitas una rutina posible.
4. Mantén contacto con otras personas
La depresión favorece el aislamiento.
Por eso es importante intentar conservar algún vínculo social, incluso cuando no apetezca.
No hace falta explicar todo lo que estás viviendo.
A veces simplemente compartir un paseo o tomar un café ya puede ser útil.
5. Cuida el sueño y la actividad física
El sueño y la actividad física forman parte de los hábitos que pueden contribuir al bienestar general y pueden integrarse en un plan de recuperación.
No es necesario empezar con grandes cantidades de ejercicio.
Caminar puede ser un primer paso perfectamente válido.
6. Observa tus pensamientos sin asumir que son verdades
Durante una depresión pueden aparecer pensamientos extremadamente duros sobre uno mismo y sobre el futuro.
«Soy inútil.»
«No voy a mejorar.»
«Todo me sale mal.»
Que un pensamiento aparezca con mucha fuerza no significa que sea una descripción objetiva de la realidad.
Aprender a identificar estos patrones es una parte importante del trabajo psicológico.
¿Cuándo es recomendable acudir a un psicólogo?
No es necesario esperar a que el problema sea insoportable.
Puedes pedir ayuda cuando notes que el estado de ánimo, la pérdida de interés, el cansancio, los problemas de sueño, la dificultad para funcionar o el aislamiento empiezan a interferir de forma significativa en tu vida.
También es recomendable consultar cuando los síntomas se mantienen en el tiempo o cuando intentar manejarlos por cuenta propia no está funcionando.
Un profesional puede realizar una evaluación completa y determinar si existe un trastorno depresivo, qué factores pueden estar influyendo y qué tratamiento puede ser más adecuado.
¿Qué ocurre si aparecen pensamientos de muerte o suicidio?
Este punto merece una atención especial.
Los pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio pueden aparecer en cuadros depresivos y deben tomarse en serio.
Si estás experimentando este tipo de pensamientos, especialmente si existe intención, un plan o sientes que podrías hacerte daño, es importante no afrontar la situación a solas y buscar ayuda profesional urgente.
También es importante que las personas cercanas conozcan lo que está ocurriendo para poder proporcionar apoyo y facilitar el acceso a atención profesional.
Pedir ayuda en ese momento no es exagerar.
Es cuidarse.
Recuperarse de una depresión es un proceso
Una de las cosas que más puede frustrar a una persona deprimida es esperar una mejoría inmediata.
La recuperación no siempre ocurre de manera lineal.
Puede haber días mejores y días peores.
Una semana puedes sentir que avanzas y otra volver a encontrarte más cansado.
Eso no significa necesariamente que hayas vuelto al punto de partida.
En psicoterapia también se trabaja en reconocer señales tempranas de empeoramiento y desarrollar estrategias para mantener los cambios conseguidos y prevenir recaídas.
La depresión no es tu identidad
Quizá esta sea una de las ideas más importantes.
Puedes estar deprimido sin «ser una persona deprimida».
Puedes estar pasando por una depresión y seguir siendo la misma persona que tiene gustos, valores, capacidades, relaciones, proyectos y cualidades.
El trastorno puede ocupar muchísimo espacio mental durante un tiempo.
Pero no define todo lo que eres.
Y pedir ayuda no significa reconocer una debilidad.
Significa reconocer que estás atravesando una dificultad que merece atención.
Conclusión
La depresión es mucho más que tristeza.
Puede afectar al estado de ánimo, al interés por las cosas, al pensamiento, al sueño, al apetito, a la energía, a las relaciones y a la capacidad para desenvolverse en el día a día.
Puede aparecer después de una situación especialmente difícil, pero también puede surgir sin una causa evidente.
Lo importante es no minimizarla.
La depresión tiene tratamiento y existen diferentes intervenciones psicológicas eficaces para ayudar a la persona a recuperar progresivamente su funcionamiento y su bienestar.
Si llevas tiempo sintiéndote diferente, has perdido el interés por cosas que antes disfrutabas, te cuesta realizar actividades cotidianas o tienes la sensación de que no puedes salir de esta situación por ti mismo, pedir ayuda puede ser un primer paso importante.
No necesitas esperar a encontrarte completamente hundido para empezar a cuidarte.
A veces, comenzar a salir de la depresión no consiste en dar un gran salto.
Consiste simplemente en dar el siguiente paso.